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viernes, 30 de agosto de 2013

Dormir poco

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Imagen: Amazings / NCYT / MMA / JMC

Dormir poco promueve las discusiones de pareja


La sabiduría popular ya ha dicho siempre que dormir poco vuelve gruñona a la gente. Y ahora un estudio confirma científicamente que no dormir lo suficiente agrava las discusiones entre cónyuges o miembros de una pareja de hecho.

Las psicólogas Amie Gordon y Serena Chen de la Universidad de California en Berkeley han hallado que las personas son mucho más propensas a lanzar palabras hostiles a su cónyuge después de una noche en la que hayan dormido poco.

La investigación realizada por Gordon y Chen deja claro que las parejas experimentan conflictos más frecuentes y más graves después de noches sin haber dormido lo suficiente.

Las investigadoras recolectaron datos sobre cuánto dormían más de 100 parejas, cada una de las cuales llevaba, como promedio, casi dos años de convivencia.

Se evaluó el grado de depresión, el de ansiedad y los de otros factores de estrés en las personas estudiadas, exclusivamente para centrarse en el vínculo entre la calidad del dormir de los miembros de la pareja y sus conflictos conyugales.

En un experimento, 78 adultos jóvenes con una relación de pareja informaron diariamente y durante un período de dos semanas sobre cuánto y cuán bien dormían, y sobre los problemas con su relación. En general, resultó que los participantes dijeron haber tenido más problemas con sus parejas en los días posteriores a una noche en la que habían dormido poco y mal.

domingo, 4 de agosto de 2013

Los cambios en el clima aumentan el número de crímenes y guerras en todo el mundo

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En las zonas tropicales los conflictos son más frecuentes. (Foto: GOVBA)


El clima adverso aumenta la violencia, tanto a un nivel interpersonal –crímenes– como social –guerras civiles o disturbios–. Es la principal conclusión de una investigación dirigida por las universidades de Princeton, Cambridge y California en Berkeley (EEUU) y publicada en Science

“Hemos examinado 60 artículos que relacionan el clima con la violencia”, explica a SINC Edward Miguel, investigador de la universidad de Cambridge y coautor del trabajo. “De esos artículos, hay 27 sobre la posible relación entre el aumento de la temperatura y la violencia, y todos ellos concluyen que ese vínculo existe. Existe un gran debate sobre la naturaleza de esta relación, pero los resultados son llamativamente consistentes”. 

Miguel y sus compañeros analizaron la información de 45 bases de datos de diferentes partes del mundo, y encontraron patrones de conflicto similares asociados a cambios climáticos como la sequía y el aumento de las temperaturas. Algunos de los ejemplos incluyen violencia doméstica en Australia e India, asesinatos en EEUU y Tanzania, violencia policial en Holanda e incluso el colapso de los imperios Maya y Chino. 

Sobre los motivos de este nexo entre violencia y clima, Miguel explica que hay varias razones posibles: “Una puede ser la hostilidad, ya que cuando hace más calor, la neurofisiología nos predispone más hacia la violencia. Otra causa –continúa– puede ser económica, ya que en países muy agrícolas, el calor o los diluvios pueden arruinar la cosecha y provocar desesperación que desemboque en violencia”. 

Para los investigadores, este estudio permite comprender cómo el cambio climático moldeará a las sociedades, y es un motivo más para luchar contra este fenómeno.

“Algunos modelos predicen un aumento de 2 ºC en la temperatura global en los próximos 50 años”, advierte Miguel. “Nuestro estudio muestra que este aumento de tan solo 2 ºC puede aumentar hasta en un 50% el número de guerras civiles, especialmente en las zonas tropicales, donde estos conflictos son más frecuentes”. 

Según Miguel, lo más importante para combatir este fenómeno es mitigar la polución y promover la adaptación al cambio climático para impedir estos brotes violentos antes de que sucedan. “Lluvias y temperaturas adversas pueden provocar inestabilidad política en los países africanos. Si estos países pudieran monitorizar los cambios en el clima podrían prever y atajar estos incidentes”.

Los datos utilizados para el estudio han sido publicados en 24 revistas, y representan el trabajo de 190 investigadores. El periodo estudiado comprende desde 8000 a. C. hasta el presente.

sábado, 1 de junio de 2013

Las personas que se marchan de Facebook

Datos sobre el uso de Facebook en los sujetos de estudio. (Imagen: U. Cornell)




Con más de mil millones de cuentas activas en el mundo, puede ser fácil olvidarse de que algunas personas no utilizan Facebook pese a disponer de conexión a internet. Sus motivos, y los aspectos psicológicos y sociológicos de la decisión de no estar en Facebook, han sido objeto de análisis en un nuevo estudio, realizado por el equipo de Madeline E. Smith, de la Universidad del Noroeste en Evanston, Illinois, y Eric P. S. Baumer, de la de Cornell en Ithaca, Nueva York, ambas instituciones en Estados Unidos.

Los resultados de esta investigación sugieren que el no usar Facebook es más común de lo que se cree: Un tercio de los usuarios de Facebook desactivan su cuenta, y uno de cada 10 la suprimen.

De 410 personas que respondieron a un cuestionario online, 46 habían suprimido su cuenta de Facebook. Más del 90 por ciento dijo estar satisfecho con su decisión, y la mayoría se abstuvo de regresar a Facebook. Otros no eran capaces de cortar del todo con Facebook, pero sí se tomaban descansos en el uso de esta red social.

Más de un cuarto de los encuestados (110) desactivaron en algún momento su cuenta, lo que implica ocultar todo lo que han hecho en Facebook, pero reteniendo los datos, lo que permite reactivar la cuenta en cualquier momento. Dos tercios de quienes la desactivaron expresaron estar satisfechos con su decisión; un tercio acabó regresando.

Algunos encuestados utilizaron otras estrategias para limitar su uso de Facebook. En ese sentido, varios participantes pidieron a su cónyuge que les cambiase la contraseña, y sólo les permitiera conectarse en sesiones limitadas. Un participante explicó que redirigió todo mensaje electrónico de Facebook a una dirección de correo electrónico que nunca revisa. Otros instalaron plugins de navegador que les impiden visitar Facebook.

Las razones para dejarlo fueron variadas, desde preocupaciones por la privacidad y el peligro de un uso indebido de datos, hasta un descenso de la productividad por culpa de pasar demasiado tiempo en Facebook, e incluso problemas de adicción a las redes sociales.

Algunos encuestados dijeron que estaban cansados de los contactos sociales banales y de los chats superficiales.

Otros dejaron de usar Facebook a fin de evitar el tener que aceptar como "amigo" a su jefe o jefa, a un compañero o compañera de estudios, o a un antiguo novio o novia.

Adicionalmente, 75 personas de la encuesta no tenían ni nunca habían tenido una cuenta en Facebook.

Aunque algunos de los encuestados que no usaban Facebook no criticaron la red social, otros proporcionaron listas elaboradas de las razones por las que no se unirían a Facebook. Algunos esgrimían la pérdida de privacidad derivada de estar en esa red social, argumentando que no querían exhibirse de esa manera, y comparaban el uso habitual de Facebook a vivir su vida dentro de una especie de acuario global.

El equipo de investigación también notó una actitud de rebeldía y orgullo entre quienes rechazaban integrarse en Facebook.

Los resultados del nuevo estudio sugieren que los usuarios de Facebook que desactivan su cuenta tienen más probabilidades de conocer a alguien que también hizo lo mismo. El equipo de investigación planea profundizar en este aparente "efecto contagio" de apartarse de Facebook.

En el estudio también han trabajado Phil Adams, Vera D. Khovanskaya, Tony C. Liao, Victoria Schwanda Sosik y Kaiton Williams, de la Universidad de Cornell.

Información adicional

miércoles, 15 de mayo de 2013

Las mujeres que sufrieron abusos en su infancia afrontan un riesgo mayor de tener hijos autistas




Las mujeres que sufrieron abuso físico, emocional o sexual en la infancia son más propensas a engendrar un niño autista que las mujeres que no fueron objeto de abuso, según un nuevo estudio en el que se examinaron datos de más de 50.000 mujeres. Las que sufrieron los abusos más graves fueron las más propensas a tener un hijo autista, específicamente 3,5 veces más propensas que las mujeres que no fueron víctimas de abuso.

El estudio realizado por el equipo de Andrea Roberts, Alberto Ascherio, Marc Weisskopf, y Kristen Lyall, de la Escuela de Salud Pública en la Universidad de Harvard, en Boston, Massachusetts, Estados Unidos, es el primero en el que se ha explorado a fondo la relación entre la exposición de la madre a abusos en su infancia y el riesgo de autismo en sus hijos. Los resultados de la investigación identifican un factor de riesgo para el autismo completamente nuevo y denotan que el abuso infantil no sólo es muy perjudicial para la persona que lo sufre directamente, sino que también puede aumentar el riesgo de discapacidades graves en la generación siguiente.

A fin de cerciorarse mejor de esta relación entre la exposición de la madre a abusos en su infancia y el riesgo de autismo en sus hijos, el equipo estudió nueve factores de riesgo asociados al embarazo, para ver si estaban relacionados con un mayor riesgo de tener un niño autista en mujeres que sufrieron abusos en la infancia. Los investigadores encontraron que las mujeres que habían sufrido abusos en la infancia tenían un riesgo más alto para cada uno de los factores de riesgo asociados al embarazo que fueron examinados.

Una posible explicación para este fenómeno, según el equipo de investigación, es que algunos efectos a largo plazo que el abuso tiene sobre sistemas biológicos de las mujeres, tales como el sistema inmunitario y el sistema de respuesta al estrés, son responsables del aumento en las probabilidades de tener un niño autista. Se sabe que el abuso infantil está asociado con una amplia gama de problemas de salud en la persona que lo sufre, incluyendo problemas en la salud mental tales como depresión y ansiedad.

Sin embargo, se necesita investigar más antes de poder afirmar con rotundidad que esa es la explicación al fenómeno observado, tal como advierten los autores del estudio.

miércoles, 2 de enero de 2013

El punto del rostro donde dirigimos la primera mirada para identificar a una persona

En los experimentos, la gente tendía más a lanzar su primera mirada justo bajo los ojos, como se muestra en la imagen derecha, que directamente a estos como en la imagen izquierda. (Imagen: UCSB)




Mirar a los ojos es habitual al observar una cara, pero, en contra de lo que podría suponerse, no es el punto del rostro donde primero suele incidir la mirada del observador, ni tampoco el que ofrece el mejor encuadre para una evaluación rápida de la persona observada.

La investigación efectuada por el equipo de Miguel Eckstein y Matt Peterson, ambos de la Universidad de California en Santa Bárbara, indica que el mejor lugar para el examen rápido de un rostro es justo bajo los ojos.

Usando un sistema de seguimiento de los ojos y más de 100 fotos de rostros, Eckstein y Peterson determinaron hacia dónde miraban los participantes del experimento en el instante crucial en que identificaban la identidad, género, y estado emocional de una persona.

El primer sitio hacia donde miró la mayoría de la gente es algún lugar en el medio del rostro, justo bajo los ojos.

El motivo no está claro.

Peterson y Eckstein creen que, a pesar de que el vistazo siempre es muy breve (250 milisegundos), y de que el punto al que se mira no tiene rasgos distintivos a diferencia de otros puntos, el cerebro en realidad emplea cálculos sofisticados para planificar un movimiento del ojo que asegura el grado más alto de precisión en tareas que son evolutivamente importantes para predecir los actos potenciales de la persona que tenemos delante y nuestra reacción. Y además, esta estrategia se aplica sin que normalmente seamos conscientes de estar utilizándola.


Usando un tipo de algoritmo sofisticado, que reproduce el nivel de detalle espacial variable del procesamiento humano a través del campo visual e integra toda la información para tomar decisiones, Peterson y Eckstein pudieron predecir cuál sería el mejor lugar en el rostro donde posar la mirada a fin de reconocer la identidad de una persona, distinguir su género y captar su estado emocional aparente.

Al menos para estos tres parámetros, el lugar óptimo para mirar es bajo los ojos, porque permite obtener información de tantas características del rostro como sea posible.

El estudio muestra que esta estrategia es común, pero no necesariamente universal. El laboratorio de Eckstein está estudiando actualmente un pequeño subconjunto de personas que no miran justo bajo los ojos para identificar a una persona. Otros investigadores han mostrado que las personas del este de Asia, por ejemplo, tienden a mirar hacia un punto un poco más abajo en el rostro al identificar la cara de una persona.

Los resultados de la investigación realizada por Peterson y Eckstein pueden ser útiles para profundizar en enfermedades como la esquizofrenia y el autismo, las cuales están asociadas con patrones de mirada poco comunes, o la prosopagnosia, que es la incapacidad de reconocer a alguien por su rostro aunque se conviva con esa persona.


sábado, 1 de septiembre de 2012

Fumar marihuana desde la adolescencia daña el desarrollo cognitivo







El consumo regular de cannabis se asocia con una disminución del rendimiento intelectual, en especial entre los adolescentes, según un nuevo estudio publicado en la revista PNAS. Los investigadores afirman que estos jóvenes consumidores sufren más problemas de atención y memoria.

Científicos de la Universidad Duke de Durham (EE UU) han estudiado la relación entre el consumo recurrente de cannabis y el desarrollo cognitivo en una muestra de 1.037 jóvenes nacidos en Nueva Zelanda entre 1972 y 1973 y seguidos hasta los 38 años.

El equipo, liderado por Madeline H. Meier, descubrió que los adolescentes que fumaban de forma regular mostraron un mayor descenso en el coeficiente intelectual en comparación con el resto de los participantes.

El hallazgo, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), relaciona el consumo de marihuana con un deterioro general en los cinco dominios del funcionamiento neuropsicológico, que sigue siendo significativo incluso después de años de educación y el uso de otras drogas, como el alcohol.

Para los autores, este consumo recurrente parece afectar al funcionamiento cognitivo de cada día en forma de mayores problemas de atención y memoria.

Los resultados apuntan que los adolescentes fueron más propensos a convertirse en consumidores constantes y experimentaron un mayor descenso del coeficiente intelectual en comparación con los usuarios que comenzaron a fumar en la edad adulta cuando se igualan los años de consumo.

Los autores subrayan que dejar de fumar o reducir el consumo de cannabis no restaura el funcionamiento neuropsicológico entre los usuarios de cannabis de inicio adolescente, y creen que fumar marihuana en la adolescencia, cuando el cerebro está en proceso de desarrollo crítico, podría tener efectos neurotóxicos.

“Se deben aumentar los esfuerzos para lograr retrasar el inicio del consumo de cannabis”, concluyen.

Fuente

jueves, 2 de agosto de 2012

¿Aprender a tocar mejor una melodía mientras dormimos?

¿Es posible aprender a tocar mejor una melodía mientras dormimos? (Foto: Amazings / NCYT / M.M.A. / J.M.C.)






Los asombrosos resultados de unos experimentos sugieren que si una persona escucha, mientras está durmiendo, la música que está aprendiendo a tocar, su aprendizaje de la misma se reforzará.


En los experimentos, llevados a cabo por investigadores de la Universidad del Noroeste en Evanston, Illinois, Estados Unidos, los participantes aprendieron cómo ejecutar dos melodías generadas artificialmente. Luego, mientras los participantes dormían una siesta de 90 minutos, los investigadores hicieron sonar, a un volumen lo bastante bajo para no despertar a los sujetos de estudio, pero lo bastante alto para su capacidad auditiva, una de las melodías que habían sido practicadas, pero no la otra.


Usando métodos de electroencefalografía (EEG) para registrar la actividad eléctrica del cerebro, el equipo de Ken A. Paller, Paul J. Reber y James Antony se aseguró de que la música sonase durante la fase del sueño conocida como Fase de Ondas Lentas (sueño profundo), una fase que ya había sido vinculada al fortalecimiento de recuerdos.


Después, una vez despiertos, los participantes cometieron menos errores al presionar las teclas para interpretar la melodía que había sonado mientras dormían, en comparación con cuando tocaron la melodía que no sonó durante su siesta.



Los resultados parecen demostrar por tanto que la estimulación externa mientras se está durmiendo puede ejercer un efecto de fortalecimiento de un recuerdo, si las circunstancias son las adecuadas.


Los investigadores también encontraron que las señales electrofisiológicas registradas en los participantes mientras estos dormían se correlacionaron con el grado en que mejoraron los recuerdos. Por tanto, estas señales pueden brindar una medida de los eventos cerebrales que refuerzan los recuerdos mientras dormimos.


Conviene matizar, tal como apunta Reber, que el efecto visto en esta investigación no consiste en aprender cosas nuevas mientras uno duerme, sino en la potenciación de un recuerdo ya existente, una potenciación que se logra mediante la reactivación de información adquirida recientemente.


lunes, 21 de mayo de 2012

Genes que determinan el tamaño del cerebro humano y su inteligencia





Un equipo de más de 200 científicos de 100 instituciones de todas partes del mundo ha trabajado en el que ha sido el estudio más grande sobre el cerebro, mapeando los genes humanos que fomentan o sabotean la resistencia del cerebro a diversas enfermedades mentales.


El estudio también ha desvelado nuevos genes que podrían explicar diferencias entre individuos en la inteligencia y el tamaño del cerebro.


Tres años atrás, el laboratorio de Paul Thompson, profesor de neurología en la Escuela de Medicina David Geffen de la UCLA (Universidad de California en Los Ángeles), inició una colaboración científica con los genetistas Nick Martin y Margaret Wright del Instituto de Investigación Médica de Queensland en Brisbane, Australia, y con la genetista Barbara Franke del Centro Médico de la Universidad Radboud de Nijmegen, en los Países Bajos. Los cuatro investigadores buscaron y recibieron la ayuda de laboratorios de todas partes del mundo que trabajaban con imágenes cerebrales. Estos laboratorios contribuyeron a la investigación reuniendo y aportando sus escaneos cerebrales y datos genómicos. De este modo, nació el Proyecto ENIGMA (por las siglas de Enhancing Neuro Imaging Genetics through Meta-Analysis).


Por separado y ateniéndose sólo a sus escaneos, cada uno de los centros no podía revisar una cantidad lo bastante alta de escaneos cerebrales como para obtener resultados definitivos. Al compartir los datos en el marco del Proyecto ENIGMA, fue posible obtener una muestra lo suficientemente grande como para detectar patrones claros en la variación genética y mostrar cómo estos cambios alteran físicamente al cerebro y determinan la resistencia del cerebro a diversas enfermedades mentales.

Los investigadores del proyecto ENIGMA midieron el tamaño del cerebro y el de sus centros de memoria, en imágenes de resonancia magnética de 21.151 personas sanas, analizando a la vez el ADN de cada una.

Cuando los científicos analizaron el ADN de las personas cuyas imágenes mostraban cerebros más pequeños, encontraron una reiterada relación entre cambios sutiles en el código genético y centros de la memoria más pequeños.

Los investigadores del proyecto ENIGMA también han descubierto genes que explican diferencias individuales en la inteligencia. Han constatado que una variante en un gen llamado HMGA2 afecta al tamaño del cerebro y a la inteligencia de la persona. El ADN se compone de cuatro bases: A, C, T y G. La gente cuyo gen HMGA2 tenía una letra "C" en lugar de una "T" en una ubicación particular del gen, tenía un cerebro más grande y lograba una mayor eficiencia en los tests estándar de coeficiente intelectual. Que una sola letra provoque un cambio positivo tan grande es sin duda un hecho muy llamativo, tal como subraya Thompson.

sábado, 5 de mayo de 2012

¿Por qué algunos curanderos creen ver el ‘aura’ de las personas?

Los autores advierten del enorme “efecto placebo” que provocan los curanderos en las personas. (Imagen: UGR)




Investigadores españoles han descubierto que muchos de los individuos que dicen ser capaces de ver el aura de las personas, los conocidos popularmente como “curanderos” o “santones”, presentan en realidad un fenómeno neuropsicológico denominado sinestesia (en concreto, sinestesia emocional), que explicaría científicamente esta supuesta “virtud”.


Los sinéstetas “mezclan” los cinco sentidos, al tener más interconectadas las áreas del cerebro encargadas de procesar cada uno de los estímulos, de forma que son capaces de ver o paladear un sonido, por ejemplo, sentir un sabor o asociar a las personas con un determinado color.


En un artículo publicado en la revista Consciousness and Cognition, Óscar Iborra, Luis Pastor y Emilio Gómez Milán, profesores del departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Granada, han ofrecido, por primera vez en el mundo, una explicación científica al fenómeno esotérico del aura, un supuesto campo energético de radiación luminosa multicolor que rodearía a las personas a modo de halo y que resulta invisible para la gran mayoría de los seres humanos.


En términos neurológicos, la sinestesia consiste en que en el cerebro de ciertas personas (los sinéstetas) se produce un “cruce de cables” o conexiones sinápticas que no existen en la mayoría de las personas normales. Este hecho “les permite establecer asociaciones automáticas entre regiones cerebrales que habitualmente no están conectadas”, explica Gómez Milán, una cualidad que tendrían muchos de los curanderos que dicen poder ver el aura.



Los científicos advierten en su artículo que “no todos los santones y curanderos son sinéstetas, pero en este colectivo sí que se da una mayor incidencia de este síndrome, al igual que ocurre con muchos pintores y artistas, por ejemplo”. Para realizar esta investigación, entrevistaron a varias personas afectadas por sinestesia, entre los que se encontraban supuestos curanderos, como el granadino Esteban Sánchez Casas, conocido como “El Santón de Baza”.


Muchos le atribuyen ciertos “poderes paranormales”, como poder ver el aura de las personas, “cuando en realidad se trata de un claro ejemplo de sinésteta”, explican los autores de esta investigación. El Santón de Baza presenta sinestesia caras-color (la zona cerebral del reconocimiento de caras se asocia a la zona de los colores, por lo que asocia a cada persona con un color); sinestesia tacto-espejo (cuando observa a una persona que está siendo tocada o que experimenta un dolor, él experimenta ese mismo dolor); una alta empatía (la capacidad de sentir lo que está sintiendo otra persona) y esquizotipia (ciertos rasgos de personalidad con tendencia a formas atenuadas de paranoia y de alucinación que se da en las personas sanas).


Todo esto “le permite tener un sistema de creencias, una alta capacidad de hacer que la gente se sienta comprendida y ciertas habilidades de lectura emocional y del sufrimiento”, apuntan los científicos.


A la luz de los resultados, sus autores advierten del enorme “efecto placebo” que provocan los curanderos en las personas, “aunque padezcan realmente sinestesia y sean capaces de ver el aura o sentir el dolor del otro”. Algunos de estos santones “presentan ciertas habilidades y actitudes que les permiten creer en su capacidad de sanar a los demás, pero en realidad se autoengañan” pues la sinestesia no es un poder extrasensorial, sino una percepción subjetiva y “adornada” de la realidad, advierten los expertos.


domingo, 29 de mayo de 2011

La psicología de los corruptos.







La corrupción es una lacra social muy extendida en ciertos ámbitos, y en algunas naciones más que otras. Los casos de sobornos a autoridades para, por ejemplo, lograr la concesión de un suculento contrato a una determinada empresa, o la autorización a otra para edificar en lugares donde no se podría, son, por desgracia, noticia común en los medios de comunicación de diversos países casi todos los días.

Los ciudadanos se sienten indignados ante tanta corrupción, y se preguntan cómo es posible semejante nivel de desvergüenza en las estructuras de poder. Algunas causas son bien conocidas, como por ejemplo la ambición desmedida y la falta total de escrúpulos. Pero aún así, cuesta entender por qué hay tanta corrupción en ciertos estamentos. Un nuevo estudio profundiza en la psicología de los corruptos y revela un factor crucial que hasta ahora no se había tenido demasiado en cuenta.

Ese factor a menudo pasado por alto es el colectivismo, es decir el predominio de estructuras organizativas en las cuales se potencia la interdependencia y las responsabilidades compartidas, en detrimento de las responsabilidades individuales.

"El colectivismo puede promover el soborno al diluir la responsabilidad", resume la investigadora Nina Mazar de la Universidad de Toronto, Canadá, quien condujo el estudio con el profesor Pankaj Aggarwal de la misma universidad.

Para comprobar la hipótesis de que el colectivismo permite a los individuos esquivar su moral personal y hacer así negocios de maneras sucias, Mazar y Aggarwal realizaron tanto un estudio a escala internacional como un experimento de laboratorio.

En el estudio internacional, se incluyó a 21 de los países económicamente más influyentes del mundo, con el fin de analizar la correlación entre el colectivismo y el soborno.

Las conclusiones: Cuanto más pobre y colectivista sea la gente de un país, más probabilidades tiene de padecer la lacra de la corrupción. Aún teniendo en cuenta la influencia de la riqueza económica y la de la relajación de normas morales, el colectivismo aparece como el factor más correlacionado con la corrupción.

Para verificar la existencia de relaciones de causa-efecto, y no sólo la de correlaciones, los investigadores realizaron un experimento de laboratorio. En él, 140 alumnos fueron divididos en dos grupos y se les hizo pensar de modo individualista o colectivista, mediante técnicas de manipulación bien comprobadas.

Como se esperaba, los colectivistas se sentían menos responsables de sus actos y eran más propensos al soborno.

Los resultados de este estudio, y los de otros que se hagan en esta misma línea de investigación, deberían servir para diseñar medidas más eficientes de prevenir la corrupción.


Fuente: amazings.com