La idea del blog es reunir noticias referentes a avances en la tecnología y la ciencia a todo nivel. Reproduciendo hechos que sean de interés más general, como así también hechos para un público más reducido, entendido en el tema.
En lo que constituye un avance tecnológico pionero, se ha logrado un sistema viable para permitir que los autobuses eléctricos circulen sin tener que detenerse para recargarse. Se recargan mientras circulan.
El OLEV, desarrollado por el Instituto Avanzado de Ciencia y Tecnología (KAIST) en Corea del Sur, es un vehículo eléctrico, al que se le ha dado forma y función de autobús, que puede ser recargado de energía mientras está parado o en marcha, eliminando así la necesidad de parar a recargar en una estación. Además, un autobús OLEV no requiere pantógrafos con los que abastecerse de electricidad de cables suspendidos por encima del autobús a lo largo de su ruta.
El nuevo sistema ya se ha instalado, con tramos de recorrido de autobús eléctrico en Seúl y en el campus del KAIST.
Las fibras de madera ayudan a las baterías de tamaño nanométrico a mantener su estructura. (Foto: Maryland NanoCenter)
Una astilla de madera recubierta de estaño podría ser el corazón de una pequeña pila eléctrica de larga duración, eficiente y respetuosa con el medio ambiente.
Pero no intente fabricar una en casa, ya que los componentes de la batería construida y probada por científicos de la Universidad de Maryland en Estados Unidos, son mil veces más delgados que una hoja de papel.
El uso de sodio en vez del litio que es omnipresente en muchas baterías recargables de la actualidad, hace que la batería sea medioambientalmente benigna.
El sodio no almacena la energía tan eficientemente como el litio, por lo que no veremos esta batería en nuestros teléfonos móviles. En cambio, sus materiales comunes y de bajo costo la harían ideal para otras aplicaciones.
Las baterías existentes se fabrican a menudo sobre bases rígidas, que son demasiado frágiles para soportar la expansión y la contracción que se producen cuando los electrones son almacenados en la batería y cuando posteriormente son utilizados.
El equipo de Liangbing Hu y Teng Li en la citada universidad encontró que las fibras de madera son lo bastante flexibles como para hacer que las baterías de iones de sodio resistan más de 400 ciclos de carga, lo que las pone entre las nanobaterías más duraderas.
En el trabajo de investigación y desarrollo también han participado Hongli Zhu, Zheng Jia, Yuchen Chen, Nicholas J. Weadock, Jiayu Wan, Oeyvind Vaaland y Xiaogang Han.
En este video, la investigadora Hongli Zhu explica cómo la idea de hacer baterías de madera se inspiró en los árboles:
Los combustibles fósiles están perdiendo cada vez más el apoyo de las personas, quienes ahora más que nunca optan por otros tipos de combustibles más ecológicos o directamente se deciden por los vehículos eléctricos. Tata, la famosa fabricantes india encargada de producir el auto más barato del mundo, ahora está trabajando en un revolucionario sistema de propulsión para automóviles que usa solamente aire. El primero modelo de automóvil en usar el mencionado sistema es conocido como Tata Airpod. Es un vehículo de 3 asientos que funciona usando aire comprimido y es capaz de tomar aire de los alrededores para seguir funcionando. Para absorber el aire, dispone de un motor eléctrico secundario y es capaz de alcanzar velocidades de hasta 70 km/h. Puede que el diseño del Tata Airpod no sea muy bueno, pero el simple hecho de que funciona nada más que usando aire hace que sea una estupenda creación.
La geoingeniería podría blanquear el cielo diurno. (Foto: Amazings / NCYT / MMA)
Una de las ideas barajadas para combatir al calentamiento global es aumentar la masa de aerosoles en la atmósfera, de tal modo que también se incremente el efecto de dispersión generado por estos. Dicho efecto dispersa la energía solar entrante, reduciendo la cantidad que alcanza, al menos directamente, la superficie terrestre. Aumentar de forma deliberada y por medios artificiales la presencia de aerosoles en la atmósfera es una estrategia del tipo conocido como geoingeniería.
Sin embargo, esta estrategia podría tener un efecto secundario: blanquear el cielo diurno.
Una nueva investigación indica que bastaría bloquear el 2 por ciento de la luz solar para que el cielo se volviera de tres a cinco veces más brillante, así como más blanco también.
Las emisiones de dióxido de carbono que se producen al quemar carbón, petróleo y gas natural han estado aumentando durante las últimas décadas, causando que la Tierra se vuelva cada vez más caliente. Las grandes erupciones volcánicas refrescan el planeta al lanzar a la estratosfera una importante cantidad de partículas que reducen la incidencia de la energía solar en la superficie. Sin embargo, éstas se acaban depositando sobre la superficie terrestre en apenas un par de años, y la Tierra vuelve a calentarse de nuevo.
La idea subyacente en la geoingeniería solar es reabastecer constantemente de partículas una capa de ellas en la estratosfera, reproduciendo el citado efecto posterior a una erupción volcánica, pero esta vez manteniéndolo por tiempo indefinido.
Usando modelos avanzados, Ben Kravitz y Ken Caldeira, del Instituto Carnegie de Ciencia, en Washington, D.C., Estados Unidos, junto con Douglas Mac Martin del Instituto Tecnológico de California, examinaron los cambios en el color y brillo del cielo como consecuencia del uso de aerosoles de sulfatos empleados del modo descrito.
Los investigadores se encontraron con que, dependiendo del tamaño de las partículas, el cielo diurno presentaría un blanqueamiento evidente.
Los modelos usados en el estudio predicen que el cielo todavía sería azul, pero más brillante de lo que la mayoría de las personas acostumbran a ver. El trabajo del equipo de investigación muestra que los cielos en todo el mundo podrían parecerse a los que se ven sobre las áreas urbanas más masificadas de la actualidad. En esas áreas urbanas, el cielo a menudo se ve nebuloso y blanquecino.
Los efectos de ese cambio de color y de transparencia en el cielo podrían tener muchas repercusiones. Como las plantas crecen más eficientemente bajo condiciones de luz difusas como éstas, la actividad fotosintética global podría aumentar, consumiendo más dióxido de carbono y reduciendo así el contenido de gases de efecto invernadero de la atmósfera. Pero, por otra parte, la eficiencia de bastantes paneles solares podría disminuir, ya que les llegaría menos luz.
"Espero que nunca lleguemos al punto de tener que necesitar rociar aerosoles en el cielo para contrarrestar un calentamiento global desenfrenado", comenta Caldeira. "Éste es uno de los pocos estudios en los que no deseo ver corroboradas nuestras predicciones".